miércoles, junio 20, 2007

Cuando crece el pasto

Locura, cuando visible, molesta. Dejó crecer el pasto en los ángulos de adentro. Soltó la soga que la ataba a la razón. Pasa sus días con la pava de mate al piso, un cigarrillo humeante sobre los ojos que se abstraen en inextricables laberintos. Alguna vez soñó con ser. Un sueño trunco. Indagar en su rostro qué fue lo que pasó, en qué momento se apartó del camino y se perdió. Pensar que hubo un instante en que volver fue posible.

La pava, se sabe, tiene ginebra. Al levantarse, se tumba, cae en el pasto y duerme. A veces amanece tirada y arrastra su cuerpo balbuceando maldiciones. Gritos, golpes, reproches al más allá, manotazos, vestigios del ayer, las culpas, el dolor. Todo se ahoga con un pucho sereno y el humo que le nubla los ojos, otra capa se desenvuelve.

Crece el pasto, el abandono. La miseria también se nota. La falda atigrada, las medias violetas, campera celeste. En un bolsillo, una mano sostiene al encendedor que está siempre listo. Acodada en la reja, traga el humo, no se preocupa en expulsarlo.

Los días pasan y ahí está.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por fin un nuevo cuento.¿qué comentar?"Locura"... por momentos"inextricables laberintos" el desarrollo no"se apartó del camino" el estilo con netos "Vestigios del ayer" "se nota".
Wols